Periodo de “obligado” descanso. Impás de tiempo donde todo es efímero. Donde “no hacer nada” es deporte nacional. Periodo de salir sin pereza y entrar cuando surja.
El verano como resurgir personal. Como transformación vital y todo lo que se relacione con tsunami emocional.
El verano como pretexto aceptado para comer rico, para comprar ese vestido que te hace brillar más o sencillamente descansar frente al mar.
El verano es la excusa perfecta para ralentizar todo. Aunque a veces, no sé si es el verano, tú o las circunstancias.
El verano como contexto perfecto para leer bien. Para potenciar tus valores o sencillamente tomar el sol mientras descifras la dirección exacta de las nubes.
El verano como una relación de amorodio crónica.

El verano como punto y aparte. Como un camino sin vuelta atrás cuya meta siempre serán todas esas historias inesperadas que con el tiempo te hacen crecer y a veces creer.
El verano como comienzo de todo o final de nada.